Esta mujer pequeña y enérgica que desde 2009 preside la Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos (AFEP) concedió una amplia entrevista a Prensa Latina en la sede de la organización, muy cerca de la Plaza de la Dignidad.
Originaria de Concepción, a los 14 años vino con su familia a la capital, donde trabajó en una fábrica textil, participó en las luchas sindicales y se incorporó a las Juventudes Comunistas, llamadas popularmente La Jota.
Fue en esas tareas donde conoció al que luego sería su esposo, Felipe Rivera Gajardo, quien era jefe de los grupos de autodefensas que se encargaban de cuidar los locales, proteger a los dirigentes en las marchas, además de dar clases políticas.
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