Declaración Pública

Ante la coordinada iniciativa de la Cámara del Senado y la Corte Suprema de  buscar mecanismos para otorgar libertad a condenados por violaciones a los  Derechos Humanos, amparándose en su avanzada edad y estado de salud,  nuestra agrupación de familiares, manifestamos nuestro más absoluto rechazo.  Esta medida desconoce la gravedad de los delitos cometidos, la ausencia de  colaboración con la verdad y el hecho de que estos criminales no solo no reconocen la ilicitud de sus actos, sino que los justifican y reivindican. 

Estos responsables han vivido gran parte de su vida impunes, recibiendo penas  bajas, y hoy, debido a su edad, se pretende favorecerlos. Para los familiares de  las víctimas, esto constituye una nueva revictimización y una negación del derecho  a la verdad y la justicia, más aún cuando han transcurrido más de 51 años de  lucha incesante junto a abogados de Derechos Humanos que, durante décadas,  han acompañado nuestra causa. 

Resulta particularmente indignante que el Poder Judicial, que durante los 17 años  de dictadura civil-militar fue cómplice, desoyendo recursos de amparo y negando  justicia, hoy se muestre preocupado y sensible ante los responsables de más de  3.500 crímenes de lesa humanidad, cometidos contra hombres, mujeres y niños. 

Las violaciones de Derechos Humanos ocurridas bajo la dictadura de Pinochet y  los civiles que gozan de impunidad por décadas, constituyen una de las  experiencias más brutales en la historia de nuestro país: miles de personas fueron  asesinadas o víctimas de desaparición forzada; miles fueron detenidas y  torturadas, exiliada de sus trabajos, en el marco de la doctrina de seguridad  nacional. Esta política, planificada y sistemática, fue un ataque directo contra la  población civil, perpetrado por las Fuerzas Armadas y de Orden, con la  complicidad de sectores civiles ligados a partidos de derecha y con vínculos con la  CIA. 

Se afectaron derechos fundamentales, tales como el derecho a la vida, la  integridad física y psíquica, la libertad, así como los económicos, sociales y  culturales, con el claro objetivo de imponer un orden normativo al servicio de  intereses de un sector privilegiado de la sociedad. Esta estructura represiva  permitió la acumulación y concentración de poder económico y político por parte  de un grupo, dificultando durante décadas el acceso a la verdad y la justicia.

A más de 51 años del golpe militar y 35 del término de la dictadura, aún se  desconoce el destino de las 1.100 personas detenidas desaparecidas, y no se han  establecido plenamente las responsabilidades penales por ejecuciones,  asesinatos y torturas. Si bien en los últimos años se han dictado condenas, éstas  han sido tardías y con penas indulgentes que ignoran la gravedad de los  crímenes. 

El resultado es una impunidad persistente, incompatible con los valores de la  Declaración Universal de Derechos Humanos y con el Derecho Internacional de  los Derechos Humanos ratificado por Chile. Las actuales iniciativas legislativas y  judiciales atentan contra la garantía de no repetición y envían una señal de  incivilidad, bajo un falso manto de humanidad que, en realidad, encubre  impunidad. 

Rechazamos con toda nuestra fuerza y voluntad cualquier intento de favorecer a  condenados por crímenes de lesa humanidad. La memoria, la verdad y la justicia no son negociables. 

Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos

 

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